Si hay algo peor que un lunes, es un martes disfrazado de lunes...
Tras un mal día, decidí volver al hospital de nuevo. Todo fue ver la carita de Isabela a última hora de la tarde, y el estrés desapareció. Sólo mirarla pausa, calma, relaja. La mami afortunadamente se recupera bien aunque jorobada con las molestias lógicas. Pero se les ve a los dos, a ella y a su marido, muy felices. Y a la peque también, ¡esa sí que está a gusto!!... tetita, dormir, calorcito de mamá...
La otra vez la pude coger sólo unos segundos, pero hoy he tenido ocasión de tenerla más tiempo en los brazos... y me sigue pareciendo mentira que en dos kilos y medio, quepa una vida. Que ese cuerpecito tan chiquitín albergue a una futura mujer o que yo misma, que también nací creo que con poco más peso, alguna vez fuera así de pequeña e indefensa. Le he observado el pelito, las cejitas, la piel arrugadita, tiene los pies y las manos grandes!...y unas mini uñitas súper tiernas. Me agarraba el dedo. El olor a bebé da felicidad, da paz. Llena. A mí me llena.
¡Isa ya tiene cara de mamá! ¡Dios mío, que responsabilidad!. Debe ser grave eso de saberse trampolín para otra persona. De la diligente actitud de sus padres depende todo lo que rodee a la peque a lo largo de su existencia...ufff, escalofríos me entran. Debe ser difícil llevarte a casa a un bebé como si de un paquete bomba se tratara, sin saber muy bien cómo funciona, jajaja. Cuando le comento estas inquietudes a mi madre, la pobre siempre me mira con cara de ternura y me dice que el instinto te guía. El instinto, uff. Qué fuerte me parece que sea todo tan animal .
Quien me conoce sabe perfectamente el concepto que tengo del tema y conoce mis planes para mmmm... 2010 quizás, si mi situación es la misma y siento que es el momento. Apúntatelo en el calendario, moreno. Lo prometiste.
Ainssssss. Este devenir de complicada existencia que tengo me está matando...jejeje. Por los pasillos del hospital, jóvenes papás dando las noticias de los nacimientos de sus bebés , -ha sido niño niño!- decía uno de ellos pletórico por teléfono. Al salir hacía frío y chispeaba. Casi nadie por la calle. No saqué el paraguas porque prefería que las leves gotitas me cayeran encima. Hay veces que, como esta noche, pasearía y pasearía, dejando que el frío golpeara mi cara mientras divago en mis pensamientos. Andaba con la mirada clavada en el suelo. Noté que alguien me miraba y levanté la vista un poco agitada... uff, sólo una mujer que pasaba. Al girar la cara, leí escrito en un muro, con letra negra desigual, algo digno del "Show de Truman" que te conté ayer: "Lo que yo te puedo dar, no te cabe en los bolsillos". Una vez más el destino se aliaba conmigo. El corazón me empezó a latir fuerte.
Seguí andando. Olía a quemado. La navidad me mata. A ratos pensaba en mí. A ratos pensaba en tí. A ratos pensaba en que un día no tan lejano hubo un nosotros. En lo cruel que es tenerte tan cerca como para poder tocarte y tan lejos como para no poder conseguir que sueñes conmigo por más que lo intente, tan lejos como para que no termines de entender que a mi vida sólo tú le aportas el sentido y la música, para que no barajes siquiera la opción de darme la oportunidad de ser tu niña. Pensé en que realmente nunca la tuve. No me la llegaste a dar, en el fondo nunca me dejaste traspasar tu muro. Quizás no quisiste quererme. Quizás yo quise quererte demasiado. Quizás el destino nos tenga algo preparado. Quizás no. De hecho, probablemente no. Quizás piensas hasta que soy ridícula... hasta quizás yo lo piense, no te culpo. Quizás debería tirar la toalla. Sólo quizás. Pero mientras me quede la esperanza, la leve probabilidad de que un quizás no es rotundo, aquí seguiré capeando el temporal y las noches de nostalgia de navidad en las que me faltas tanto, porque quizás, sólo quizás, algún día vengas a buscarme.
lunes, 30 de noviembre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario