Hoy ha sido un día especial. Hoy ha venido al mundo una personita a la que ya esperábamos con los brazos abiertos y que se llama Isabela. Isa, su mamá, es alguien muy importante para mí: es una de mis mejores amigas. Es esa persona que aunque no hables con ella a diario, sabes que está ahí, es aquella que escucha, valora y apoya siempre, sin juzgar, hasta cuando me equivoco. Isa es sinónimo de dulzura, de educación, de saber estar, de amistad. Hoy las emociones me desbordan...me parece mentira que Isabela ya esté aquí, parece que fue ayer cuando su madre me confirmó que estaba embarazada y le regalé un chupete, parece mentira que sea de verdad, de carne, tan chiquitita, tan inocente, tan entrañable, con ese pelito negrito sedoso y ese tacto y olor a vida nueva que sólo los angelitos tienen. Miraba expectante con los ojos muy abiertos el nuevo mundo, se chupaba las mini-manos y a ratos dormía plácidamente inspirando un sosiego y una ternura increíbles. Puede que no sea objetiva, pero a mí se me parece a su mamá, ¡hasta tiene su hoyito en la barbilla!. Desde luego, si es la mitad de bonita que ella por dentro y por fuera, se va a comer el mundo...
Cuando he visto entrar a mi amiga en la habitación, y abrazar a su niña emocionada con ese amor que sólo una mamá que ve la carita de su bebé por primera vez puede transmitir (aún por encima de sentirse como si la hubiera atropellado un camión), un escalofrío me ha recorrido el estómago...y he palpado el instinto, el milagro de la vida. Isabela sabía perfectamente quien era su mamá.
No sé si yo tendré la suerte de llegar a sentir alguna vez ese vínculo irrompible con una personita al segundo de vernos las caras. Pero una vez más, como viene siendo costumbre y como me pasa tantas veces al día, te he echado de menos allí, conmigo, como cuando celebramos la noticia. Y me ha emocionado pensarte, pensarnos. Y me ha herido volver a mis zapatos.
De hecho hoy pienso, que siendo consecuente, quizás esos desengaños que me indignan son sólo el fruto lógico y merecido de una actitud equivocada. Aún no estoy preparada pero me precipito, por la ansiedad de olvidarte, de lograr pasar página, de demostrarme a mí misma que la felicidad del resto de mi vida no está perdida, que puedo llegar a serlo en otros brazos. Pero una vez, y otra, y otra, me tropiezo y me caigo, y herida, vuelvo a tí, de quien en realidad no me separé un sólo segundo. Daría la vida porque la ilusión no tuviera tu nombre. Me engaño cada día, cada mañana intento desde el fondo de mi esperanza cambiar el chip, sonreir al temporal, pero hay días que lo consigo y otros que no. Hoy, como supondrás, es de los segundos.
Y aquí sigo, de pié, tambaleándome pero intentando no caerme, con los ojos cerrados, sin querer mirar. Pasando días. Temiendo a la navidad... dime qué hago yo una navidad sin tí... Sigo soñando abrazarte. Aún lo hago. Por encima de caras de no-pasa-nada. Por encima de no dar ruido alguno en tu vida. Por encima de fingir. Por encima de escribir una y otra vez sobre tí, unas veces añorándote, otras veces odiándote por no añorarme, pero siempre queriéndote y lo sabes. Por encima de saber que sabes y de leer que lees y que obvias casi todo lo que digo, porque sencillamente, no te interesa. No te intereso. Y esa es la cruz que tengo que llevar a cuestas y que no logro despegarme de la piel, el saberme absolutamente accesoria para alguien tan sumamente, básicamente e instintivamente, importante para mí. A veces pienso en qué es eso que debo haber hecho tan mal para que el amor me trate así. Yo necesito tus besos para vivir, tu abrazo, tu apoyo, tu aire, tu risa. Sin tí me estoy ahogando, ¿Es que no lo ves? ¿Es que no te importa?. No, no te importa. Realmente no te importa. Has elegido mi futuro por mí, y la suerte está echada. Me empujas a andar sola por un camino oscuro y tenebroso que me da mucho miedo, y me hiere el saber que no te importa la suerte que corra.
Cuando hablo de tí, alguna de mi gente se llega a emocionar y siempre me dicen que no me preocupe, que tal y como yo siento, el amor tiene que terminar triunfando. Yo siempre les respondo lo mismo: que ya ha triunfado. Ha triunfado el tuyo, pero por alguien que no soy yo.
Puedo comprar lo que quiera, puedo alcanzar todo lo que necesite, puedo conseguir todo lo que me proponga...menos a tí. Precisamente lo que más ansío en esta vida. Estás ahí, puedo verte, puedo rozarte, puedo beberme tus suspiros, puedo intentar acompañarte en los momentos difíciles...pero no encuentro la manera de transmitirte, de hacerte consciente, de que entiendas, de que sientas... todo lo que tú y sólo tú me haces sentir a mí. Sólo tú me inspiras, sólo tu recuerdo me hace sonreir, sólo tú me has puesto miles de veces la piel de gallina. Sólo en tu cuerpo puedo descansar. Sólo duermo si es a tu lado. Sólo dime que puedo hacer para que me dejes volver a sentirlo. Sólo una vez más...
Sólo respóndeme...¿crees que alguien puede llegar a quererte más que yo? ¿crees que alguien sería capaz de entregarte más, de lucharte más, de esperarte más?...Conozco la respuesta, pero sé que no te basta. Nunca basta nada. Tú siempre buscas lo que no tengo, y a mí no me queda más que meterme esas toneladas de amor por tí en el bolsillo y vivir tirando de ese peso, y hacer entradas tan absurdas como ésta. Y lamentablemente, es lo que hay.
lunes, 30 de noviembre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario