Estábamos frente a mi cocina. Me rozabas el pelo y me decías que ya no había problemas, que podríamos volar juntos para siempre, que de hecho, el problema siquiera existió, que sólo necesitaste tiempo. No atiné más que a asentir y sonreir nerviosa, pero mi corazón rebosaba. Me agarraste la cara con las dos manos, podía olerte y cerré los ojos mientras sentía el calor suave y dulce de tus labios, la humedad de tu boca. Me sentí en casa. Tocaba el cielo y pensaba que acababa de hacer las paces con mi ángel de la guarda y que nunca debí dudar siquiera que finalmente serías para mí. Estabas tan cerca que el corazón me empezó a latir fuerte y sentí como mi alma se relajaba, por fin yo llegaba a mi destino, por fin llegaba, y ya podría descansar para siempre.
Al besarte abrí los ojos buscando los tuyos y sólo ví oscuridad. Sentí latir mis oídos y en unos segundos tomé conciencia. Eran las 05:28 h, y no pude volver a conciliar el sueño.
Maldito subconsciente, maldita lucha, maldito empeño.
Maldito tú por no salir de mi cabeza,
Maldita yo por consentirlo...aunque sea en sueños
lunes, 30 de noviembre de 2009
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