Hoy he leído que el alma humana pesa 21 gramos.
Me llama la atención pensar en la obsesión que tenemos de dar explicación a todo lo que ocurre a nuestro alrededor, de buscar definiciones a todos los términos, de querer encasillar y etiquetar cada concepto, de querer controlarlo todo... Creemos que todo lo podemos, que no hay nada nuevo a lo que la ciencia y los hombres no le encuentren explicación. Sigue sorprendiéndome ese afán por medir, pesar, entender o encasillar todos y cada uno de los conceptos, de los infinitos conceptos, que puede albergar el universo.
Supongo que desde un punto de vista científico, esos 21 gramos es el peso que pierde el cuerpo humano entre la vida y la muerte. Y con eso parece bastar para etiquetar el peso del alma...El alma es infinitamente más que eso. Mi alma debe pesar mucho, porque te llevo dentro. A tí y todo nuestro universo. Llevo a toda mi gente, a mi enano, sus ojos, sus pestañitas, su olor, su cara, su voz...hasta sus andares, por siempre. Llevo gente de mi pasado, de mi presente, y a los de mi futuro ya les guardo el sitio...Llevo días mágicos, instantes únicos. Sensaciones irrepetibles. Llevo amor, mucho amor: regalado, que regalo, y por regalar. Llevo muchos besos, mucha pasión, mucho sudor...Llevo sueños y lágrimas. Muchísimas lágrimas también. Llevo fiestas, amigos, momentos inolvidables, viajes, detalles. Ilusión y desilusión. Pesar y nostalgia. Llevo ganas de construir un mundo nuevo, llevo empeño, tenacidad, reconocimiento, sonrisas. Todo eso me llevaré cuando me muera.
Y ahora que me digan que mi alma pesa sólo 21 gramos.
lunes, 30 de noviembre de 2009
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